Serie Otoño
🍂Semana 2: Preguntas que tememos hacer
“¡Creo! Ayúdame en mi incredulidad.”
—Marcos 9:24
Después de años de caminar con Dios, todavía hay preguntas que nos duelen: ¿Por qué permitió esto? ¿Dónde estaba cuando más lo necesitaba? ¿Por qué no respondió esa oración? Y aunque las cargamos en el alma, muchas veces las callamos, temiendo que dudar sea fallar. Sin embargo, la fe madura no niega las preguntas: las presenta delante de Dios con humildad y confianza. El silencio no sana. La oración honesta, sí.
El evangelio no premia la perfección, sino la dependencia. Jesús nunca rechazó a quien se acercó con dudas sinceras. Al contrario, acogió al que dijo: “Creo, pero necesito ayuda con mi incredulidad.” En el otoño espiritual, aprendemos que las preguntas no son obstáculos, sino puertas. Nos empujan a una fe más profunda, más real, más centrada en quién es Dios y no solo en lo que Él hace.
Atrévete a traer tus preguntas al altar. Dios no se escandaliza. Él es más grande que nuestros interrogantes, y su amor es lo suficientemente fuerte como para sostenernos en medio de nuestras incertidumbres. A veces no encontraremos respuestas completas, pero sí encontraremos a Cristo, que es la Verdad encarnada.
““El dolor de una pregunta sin respuesta puede ser el inicio de una comunión más profunda con el Dios que escucha.”
—Harold Segura