Serie Primavera
🌱 Semana 10: El llamado es una consagración
Así que, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios, que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es su culto racional.”
—Romanos 12:1
En una cultura que valora logros, posiciones sociales y títulos, es fácil confundir el llamado con una carrera profesional. Pero en el Reino, el llamado no comienza con un reconocimiento, sino con a quién pertenecemos. El llamado no es una carrera; es una consagración. No es algo que logramos, sino una entrega que abrazamos día a día.
No se trata de ser los más capaces, sino los más disponibles. Consagrarse a Dios significa decir: “Haz conmigo lo que quieras, en el lugar que quieras, del modo que quieras.” Es soltar la ambición personal para abrazar una disposición a cumplir con una misión eterna.
Cuando dejamos de ver el llamado como un camino que lleva al éxito humano y lo entendemos como una entrega continua al servicio de Cristo, algo cambia. La presión de “triunfar” se desvanece, y la paz de caminar en obediencia, toma su lugar.
“El éxito no es llegar lejos, es llegar con Dios.”
— Marcos Vidal
