Serie Primavera
“Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.”
—Santiago 4:6b,10
A veces, lo único que impide que algo nuevo crezca en nuestras vidas es que el terreno de nuestro corazón está endurecido. Nos resistimos a soltar el control, a renunciar a nuestras expectativas, o simplemente a detenernos lo suficiente como para escuchar a Dios. Pero, así como el agricultor no puede sembrar en tierra compacta, Dios necesita quebrantar gentilmente ciertas áreas de nuestro ser para preparar un espacio fértil.
La rendición no es debilidad; es un acto profundo de confianza. Es decirle a Dios: “Haz en mí lo que yo no puedo hacer por mí mismo.” En el mundo del discipulado, la rendición es el primer paso real hacia la transformación. Aceptar que no somos el centro de la historia, que no tenemos que tener todas las respuestas, y que estamos dispuestos a ser guiados.
Cuando entregamos el terreno de nuestra vida a Dios, algo hermoso comienza a suceder. Surcos nuevos se abren. El Espíritu Santo planta semillas que quizás no entendamos en el momento, pero que con el tiempo traerán fruto. Todo comienza con la rendición.
“El mayor obstáculo para que Dios haga algo nuevo en nosotros no son nuestras debilidades, sino nuestra autosuficiencia.” — Pedro Tarquis
Jonatán Lewis – Fundador y Director General de Go Global Network
