Serie Primavera
“El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
—Lucas 9:23
Hay quienes ven el discipulado como un curso a completar, una serie de obligaciones o una lista de reglas espirituales. Pero Jesús no nos llamó a una serie de tareas, sino a un camino de vida. El discipulado es una trayectoria de crecimiento continua—un camino hacia una eternidad con Dios.
En ese camino hay etapas: descubrimiento, obediencia, caída, restauración, y más obediencia. No se trata de un destino inmediato, sino de caminar con Jesús día tras día, en lo cotidiano, en lo complejo, en lo que parece sin sentido. No hay diplomas, pero sí frutos duraderos.
Cuando entendemos que el discipulado es una trayectoria, dejamos de compararnos con otros o de desesperarnos por “llegar”. Nos enfocamos en seguir a Cristo con fidelidad, paso a paso–confiando en el crecimiento que esa fidelidad da, y el fruto venidero.
“Seguir a Cristo no es una meta que se alcanza, sino un camino que se recorre cada día.” — Itiel Arroyo

3 respuestas
A veces, sin darnos cuenta, confundimos terminar un catecismo o recitar un credo con haber completado el discipulado. Como si la madurez espiritual fuera una lista de doctrinas memorizadas o una fórmula repetida correctamente. Es un error común—comprensible, incluso lógico en un sentido institucional—pero peligroso para el alma. Porque la fe nunca fue solo una declaración de lealtad doctrinal; siempre fue, en esencia, un compromiso de vida.
Los credos y catecismos son importantes: guardan la verdad, nos anclan, nos forman. Pero no sustituyen la obediencia diaria, el amor en acción, la transformación del carácter, ni la capacidad de perseverar cuando ya no sentimos nada. El discipulado no se completa con una frase bien dicha, sino con una vida rendida. No se demuestra solo en lo que creemos, sino en cómo vivimos cuando la estación cambia, cuando la fuerza falta, cuando el silencio pesa.
Muy cierto, el llamado a ser un discípulo de Jesús es una experiencia que se debe vivir cada día. Cursar un programa institucional de discipulado es solo una pequeña parte. Nuestro compromiso está en vivir a Jesús cada día de nuestra vida, donde vayamos, donde estemos, minuto a minuto, hora tras hora, continuamente.
El comentarion me hace pensar de lo que dijo Rick Warren:
La vida es una serie de problemas. O estás en uno ahora, estás saliendo de uno o te estás preparando para entrar en otro. La razón es que a Dios le interesa más tu carácter que tu comodidad. A Dios le interesa más santificar tu vida que hacerla feliz.
Solía pensar que la vida era un mar de altibajos: atraviesas un período oscuro, luego subes a la cima, de ida y vuelta. Ya no lo creo. En lugar de ser un mar de altibajos, creo que la vida es como dos rieles en una vía férrea, y siempre tienes algo bueno y algo malo. No importa lo bien que vayas, siempre hay algo malo que necesitas mejorar. Y no importa lo mal que vayas, siempre hay algo bueno por lo que puedes agradecer a Dios.
El discipulado es una aprendizaje sobre la vida que involucra toda la vida bajo la dirección de Jesucristo.