Serie Primavera
🌱 Semana 12: Preparándonos para un fruto que aún no podemos ver
“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.”
—Gálatas 6:9
Hay temporadas en las que sembramos, sembramos y seguimos sembrando… pero no vemos fruto. En esos momentos, es fácil dudar, cansarse, querer rendirse. Sin embargo, la vida del discípulo es una de esperanza sembrada con fe. Una fe que no nace del entusiasmo, sino del impulso del Espíritu Santo, que nos guía a sembrar en el momento y lugar que Él prepara.
No toda siembra da fruto, especialmente cuando sembramos donde Dios no nos ha llamado o en tiempos que Él no ha señalado. Cuando sembramos según nuestras propias estrategias y no según la dirección del Espíritu, los resultados pueden ser frustrantes. Por eso es tan importante discernir dónde y cuándo Él nos está guiando a sembrar—porque allí, incluso si el terreno parece seco, la semilla tiene vida.
Dios nunca desperdicia una semilla plantada en obediencia. Aunque el terreno parezca estéril y los cielos permanezcan en silencio, Él está obrando bajo la superficie. Nuestra tarea no es producir el fruto, sino permanecer fieles en la siembra, bajo Su dirección.
“La misión que nace del Espíritu no se mide por resultados inmediatos, sino por fidelidad al sembrar donde Dios guía.” — Samuel Escobar

Un comentario
Los tiempos de Dios no nos pertenecen, y rara vez coinciden con los nuestros. Por eso la siembra siempre se hace con esperanza. Y la esperanza es frágil, no porque sea débil, sino porque la semilla está expuesta a muchos enemigos.
Jesús ilustra este principio en la parábola del sembrador (Mateo 13:3–9). La semilla cae en distintos terrenos, no por descuido del sembrador, sino porque sembrar es su tarea; preparar la tierra es obra de Dios. El sembrador no controla el suelo ni el momento de la cosecha. Solo es fiel a la siembra.
Sembramos, entonces, con la esperanza de que alguna semilla caiga en tierra que ha sido removida—quizá en silencio—por el Espíritu Santo. Y aunque mucho parezca perderse, el Reino avanza no por resultados inmediatos, sino por fidelidad perseverante.