Serie Otoño
🍂 Semana 4: Cuando lo esperado no sucede
“¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino…?”
—Lucas 24:32
Habíamos trazado un plan. Soñamos con un futuro, creímos en promesas, y trabajamos con fe. Pero las cosas no salieron como esperábamos. A veces, esas decepciones son profundas, casi silenciosas, porque duelen más por lo que no pasó que por lo que ocurrió. El corazón se enfría, no por incredulidad, sino por cansancio. ¿Dónde estaba Dios cuando nuestros sueños se desvanecieron?
Los discípulos en el camino a Emaús también estaban decepcionados. Jesús no fue el Mesías que esperaban. Lo habían perdido, o eso creían. Pero mientras caminaban, sin reconocerlo, Él mismo se les acercó. En medio de su confusión, Dios ya estaba presente. Sus expectativas rotas se convirtieron en espacio para una revelación nueva. A veces, nuestras ideas deben morir para que podamos recibir algo mejor: a Cristo mismo.
Las expectativas no cumplidas no significan fracaso espiritual. Pueden ser una forma en que Dios nos libera de nuestros planes para mostrarnos los suyos. Y en ese proceso, descubrimos que lo más valioso no es lo que esperábamos, sino quién camina con nosotros. Él sigue allí, aun cuando no lo reconozcamos de inmediato.
“Dios no siempre cumple nuestras expectativas, pero siempre cumple sus promesas.”
—Samuel Escobar